¿Qué es la mutualización?

¿A qué nos referimos con mutualización? En los últimos meses y con cierta frecuencia, ha aparecido en la prensa la idea de “mutualizar la deuda europea”; además, los actuarios y los profesionales de los seguros utilizan este término muy a menudo. Pero, ¿qué quiere decir exactamente mutualizar? Mutualizar consiste en distribuir el coste de ciertos acontecimientos adversos más o menos probables entre un grupo de posibles afectados vinculados contractualmente, que harán frente a ese coste de manera conjunta cuando este daño se produzca aleatoriamente para alguno o algunos de ellos. En la práctica del aseguramiento de riesgos, además, se limita la exposición al daño económico fijando una aportación o prima estable gracias a las técnicas estadísticas y actuariales aplicadas en la industria.  Al mutualizar los riesgos de esta manera, logramos que nuestra aportación y la de muchos otros implicados por los respectivos acuerdos contractuales, sea suficiente para sufragar los gastos que generen los siniestros de unos pocos. Cuando distribuimos estos costes entre muchos participantes, mutualizar ciertas actividades que pudieran ser inasumibles por la cuantía de la pérdida las hace viables. 

Imaginemos que no hubiese seguros de automóviles, un buen ejemplo de no mutualización, y que un accidente dejase a un peatón tetrapléjico; un juzgado declara al conductor no asegurado responsable de pagar las costes y necesidades de la persona accidentada de por vida. Es más que seguro que esta carga sería imposible de afrontar para muchos conductores causantes de un accidente parecido, haciendo que sus pasivos superen a sus activos, y acabando el primero arruinado. La consecuencia inmediata es que nadie se atrevería a conducir sin un mecanismo de protección ante esa adversidad. En este ejemplo, el seguro (obligatorio, por más señas) de automóviles no solo resuelve un problema serio de no existir la posibilidad de asegurarlo, sino que causa externalidades positivas para toda la sociedad. Imagínese el lector las consecuencias de que un conductor causante de un accidente parecido no pudiese pagar los daños causados. Habría que ejecutar sus bienes o, en ausencia de estos, quizá encarcelarle. También habría que dedicar recursos públicos para ocuparse de la víctima.

Una “Mutualidad” es una asociación de personas que se reparten entre sí el coste de los riesgos que individualmente podrían afectarles, fijando las cantidades con que cada una de ellas habrá de contribuir a la reparación colectiva de los daños o pérdidas individuales que se produzcan el el colectivo. Un riesgo que afecta a todos, todo el tiempo, con probabilidad 1 no es mutualizable, mejor dicho, para eso están las instituciones públicas que se financian con impuestos o cotizaciones obligatorias. La mutualización antes descrita es también la forma de actuar de las entidades aseguradoras, las cuales constituyen un fondo con las primas desembolsadas (de una sola vez o periódicamente) por todos sus asegurados, y se encargan de pagar los siniestros que se van produciendo entre una fracción aleatoria de los asegurados con cargo a esos fondos constituidos por las primas satisfechas por todos ellos. Cuando la vivienda de un asegurado contra incendios se quema, no es la compañía la que le paga el daño, sino el resto de asegurados a quienes la vivienda no se les ha incendiado. Como, en cada ejercicio, solo una pequeña fracción de las viviendas aseguradas se incendian, los seguros de incendios son muy baratos. Esta es lea belleza de la mutualización. Si no existiera habría que inventarla.

Estos días hemos vivido un ejemplo de no mutualización, el satélite español Ingenio, lanzado a finales de noviembre de 2020 y perdido a los 8 minutos de su lanzamiento. En este caso, se optó por no asegurarlo con lo que el importe del artefacto, de 200 millones de euros, se da por perdido, y todo por no haber pagado una prima de seguros, que rondaba entre el 5 y el 7% del valor asegurado o valor del bien, en este caso el satélite. Como anécdota curiosa, la voz “mutualización” no se encuentra en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Pueden utilizar esta entrada como referencia, si les ha sido útil.

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